Ticket #414: spanishprompts.txt

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1<s> Al sentir un roce en el cuello, Fernando de Ojeda soltó la pluma y levantó la cabeza. </s>
2<s> Una palmera enana movía detrás de él con balanceo repentino sus anchas manos de múltiples y puntiagudos dedos. </s>
3<s> Para evitarse este contacto avanzó el sillón de junco, pero no pudo seguir escribiendo. </s>
4<s> Algo nuevo había ocurrido en torno de él mientras con el pecho en el filo de la mesa y los ojos sobre los papeles huía lejos. </s>
5<s> Muy lejos, acompañado en esta fuga ideal por el leve crujido de la pluma. </s>
6<s> Vio con el mismo aspecto exterior cosas y personas al salir de su abstracción. </s>
7<s> Pero una vida interna, ruidosa y móvil parecía haber nacido en las cosas hasta entonces inanimadas. </s>
8<s> Mientras la vida ordinaria callaba y se encogía en las personas, como poseída de súbita timidez. </s>
9<s> Sus ojos, fatigados por la escritura, huían de las ampollas eléctricas del techo. </s>
10<s> Inflamadas en plena tarde, para reposarse en los rectángulos de las ventanas que encuadraban el azul grisáceo de un día de invierno. </s>
11<s> La blancura de la madera laqueada temblaba con cierto reflejo húmedo que parecía venir del exterior. </s>
12<s> Dos salones agrandados por la escasez de su altura eran el campo visual de Ojeda. </s>
13<s> En el primero, donde estaba él, mezclábase a la blancura uniforme de la decoración el verde charolado. </s>
14<s> Las palmeras de invernáculo, el verde pictórico de los enrejados. </s>
15<s> Madera tendidos de pilastra a pilastra y el verde amarillento y velludo. </s>
16<s> De unas parras artificiales, cuyas hojas parecían retazos de terciopelo. </s>
17<s> Sillones de floreada cretona en torno de las mesas de bambú formaban islas. </s>
18<s> A las que se acogían grupos de personas para embadurnar. </s>
19<s> Manteca y mermeladas el pan tostado, husmear el perfume del té o seguir el burbujeo de las aguas minerales teñidas de jarabes y licores. </s>
20<s> Camareros rubios de corta chaqueta azul y botones dorados pasaban con la bandeja en alto por los canalizos de este archipiélago humano. </s>
21<s> Sorteando los promontorios de los respaldos, los golfos y penínsulas formados por las rodillas. </s>
22<s> Una vidriera, de pared a pared, formada de pequeños cristales biselados. </s>
23<s> Dejaba ver el salón inmediato, blanco también, pero con adornos de oro. </s>
24<s> Los asientos tapizados de seda rosa, igual a la que adornaba los planos de las paredes. </s>
25<s> Estaban ocupados por señoras. </s>
26<s> El ambiente era más limpio que en el jardín de invierno, donde una atmósfera de humo de habano y tabaco oriental con perfume de opio. </s>
27<s> Flotaba sobre las plantas. Más allá de estos corros femeninos en torno de las mesas de té. </s>
28<s> Media docena de músicos, uniformados lo mismo que los camareros, agrupábanse sobre una tarima, alrededor de un piano de cola. </s>
29<s> Sus cabezas rubias de germanos y los arcos de sus violines destacábanse sobre los rectángulos luminosos de cuatro ventanas. </s>
30<s> Que cerraban la perspectiva. Al otro lado de los cristales, ligeramente turbios por la humedad exterior. </s>
31<s> Movíase, pasando de una a otra ventana,con lento balanceo, una especie de columna, esbelta. </s>
32<s> Amarilla, de invisible término, acompañándola fieles en este cambio de situación, regular y acompasado como el de un péndulo. </s>
33<s> Unas líneas negras y oblicuas semejantes a cuerdas. </s>
34<s> Todo estaba lo mismo que una hora antes, cuando el té humeaba en la taza de Ojeda, ahora vacía, y blanqueaban sobre la mesa los pliegos. </s>
35<s> Cubiertos al presente de compactas líneas. Las personas cercanas a él fumaban silenciosas o seguían sus conversaciones con lentitud soñolienta. </s>
36<s> Del fondo del segundo salón llegaban, confundidos con risas de mujeres y choque de bandejas. </s>
37<s> Los tecleos del piano y los gemidos de los violines; del techo, coloreado a la vez por el reflejo azul de la tarde. </s>
38<s> Y el frío resplandor de las ampollas eléctricas, descendían gorjeos de pájaros. </s>
39<s> Como una evocación campestre que parecía animar la artificial rigidez del jardín contrahecho. </s>
40<s> Por la parte exterior se deslizaban de ventana en ventana los bustos de unos paseantes, siempre. </s>
41<s> Los mismos, ocultándose para volver a aparecer con regularidad casi mecánica. </s>
42<s> Como si se moviesen en un espacio reducido, con los pasos contados. </s>
43<s> Niños rubios, sostenidos por criadas cobrizas, adherían a los cristales las rosadas ventosas de sus labios, empañándolos con círculos. </s>
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